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Regulación del mecenazgo y pequeños proyectos culturales

22/05/2020

En varias ocasiones hemos leído en redes que la regulación actual del mecenazgo a través de la Ley 49/2002 no beneficia a las pequeñas organizaciones o proyectos culturales.

Con esta entrada queremos tratar de analizar esa idea y ayudar a ver de qué manera se le puede sacar el mayor provecho posible a la Ley. Y también razonar hasta qué punto el problema es solamente la regulación o si hay otros aspectos que es necesario considerar y que inciden en esa desventaja de las entidades más pequeñas frente a las de mayor tamaño en la búsqueda y captación de mecenas para sus proyectos y actividades.

La forma jurídica de la entidad tras el proyecto

Quizás la primera barrera para que una pequeña entidad o proyecto cultural no se pueda beneficiar de los incentivos fiscales al mecenazgo (en realidad se beneficiarían sus donantes por las donaciones que la entidad reciba) es su forma jurídica. La Ley 49/2002 contempla una serie de entidades beneficiarias de mecenazgo, y somos conscientes del gran peso que pequeñas empresas, asociaciones no declaradas de utilidad pública, artistas y autónomos, ninguno de ellos beneficiarios de mecenazgo según la Ley, tienen en el planteamiento y ejecución de proyectos culturales.

Este obstáculo podría salvarse buscando sinergias con alguna entidad que sí sea beneficiaria de mecenazgo: plantearles el proyecto, realizar la captación de fondos a través de ellos, llevarlo a cabo juntos. La unión de entidades y personas para llevar a cabo proyectos culturales tiene ventajas adicionales como la de poder llegar a un mayor número de posibles mecenas al unirse los contactos y públicos de las diferentes partes.

Los incentivos fiscales al micromecenazgo de personas físicas

Además de la búsqueda de sinergias que comentamos en el punto anterior, aunque la entidad que organice el proyecto no sea una entidad beneficiaria de mecenazgo de las contempladas por la Ley, los donantes a ese proyecto podrán beneficiarse de los incentivos fiscales al mecenazgo si el proyecto se aloja en alguna plataforma de crowdfunding que pertenezca a algún tipo de entidad del art. 16 de la Ley (por ejemplo, una plataforma que pertenezca a una fundación, o a una asociación de utilidad pública) y se cumplen las condiciones que comentábamos en esta entrada.

Si hay una medida dentro de la Ley 49/2002 que puede beneficiar a la financiación de organizaciones y proyectos culturales de cualquier tamaño, pero incluso ser de más provecho para los pequeños en su financiación a través de crowdfunding, son los incentivos fiscales al micromecenazgo de personas físicas. Su reciente incremento es una excusa perfecta para conectar con los mecenas ya habituales de nuestros proyectos o a aquellos mecenas potenciales, informarles de las novedades, y así captar o volver a captar su atención y apoyo.

Como mencionábamos, estos incentivos son especialmente interesantes en la atracción de donantes para campañas de financiación colectiva a partir de pequeñas aportaciones. Más allá de conseguir fondos, a través de estas campañas se consigue unir a personas con intereses comunes, y las entidades que las organizan pueden conseguir aumentar la vinculación con su entorno. Si queréis saber más sobre este tipo de actuaciones, no os perdáis el webinar que ofreceremos el próximo martes día 26, “Crowdfunding y el sector cultural ante el reto de la COVID-19”. Podéis inscribiros a través de este enlace.

El resto de incentivos fiscales en la Ley 49/2002

Además, existen los incentivos a donaciones de empresas con forma de deducción en el Impuesto sobre Sociedades para las empresas donantes, incentivos iguales independientemente del tamaño de la donación. Otras figuras de las que hacen uso las empresas para el apoyo a la cultura, como los convenios de colaboración o los AEIP, sí son utilizadas frecuentemente para el apoyo a grandes proyectos o instituciones culturales, pero porque, por su complejidad, estas entidades están por lo general mejor equipadas para organizarlos, gestionarlos y promoverlos entre sus potenciales empresas mecenas. No obstante, en los últimos tiempos y en los AEIP, se busca la participación de pequeñas entidades y profesionales de la cultura que desarrollen diversas actividades dentro del paraguas de esta figura, tal y como explica Grial Ibáñez en el video que enlazábamos al final de esta entrada.

Más allá de la regulación

Somos conscientes, tal y como hemos analizado a lo largo de las entradas de este blog, de que la regulación actual de mecenazgo podría ser más flexible. Pero cuando se habla de mecenazgo, frecuentemente se olvida que no es sinónimo de incentivo fiscal. La gente que dona no lo suele hacer movida por el retorno fiscal que va a obtener, sino por su sintonía con un proyecto u organización y la labor que esta realiza, y por la consideración que reciben y han recibido a lo largo del tiempo por parte de esa organización. Y una nueva Ley no haría que automáticamente lloviesen los donantes para el sector cultural, sino que seguiría siendo necesario un trabajo duro para conseguirlos. Veamos a continuación y de forma breve otros aspectos por los que las pequeñas entidades y proyectos culturales se enfrentan a más dificultades que las de mayor tamaño, más allá de los artículos de la Ley 49/2002.

Los apoyos al proyecto

Aunque solo sea por su dimensión, las grandes organizaciones y proyectos culturales cuentan con más contactos entre los que difundir su trabajo y con mayor visibilidad: en los medios de comunicación, en su entorno, y a un nivel que va más allá de lo cercano o local. De ahí que, en cierto sentido, les pueda llegar a ser más “fácil” encontrar mecenas, grandes y pequeños, personas físicas y empresas, que apoyen sus actividades, o al menos llegar a ellos. No obstante, existen factores comunes (la cultura del mecenazgo en nuestro país, la valoración de la cultura por parte de la sociedad, el apoyo a la cultura frente a otras actividades de interés general…) que hacen de la búsqueda de mecenas una tarea complicada para todos, independientemente del tamaño de quien la realice.

Entre los aspectos que las entidades de menor tamaño pueden trabajar, podemos mencionar brevemente los siguientes:

  • En lugar de acudir a las mismas grandes empresas o filántropos a los que todos acuden, buscando una única o pocas aportaciones de una mayor cantidad, comenzar por darse a conocer y colaborar en el entorno más cercano, y trabajar para captar un mayor número de pequeñas aportaciones que lleguen a sumar la cantidad deseada.
  • Antes de acudir a una empresa o persona para intentar lograr su apoyo al proyecto, investigar bien quiénes y qué empresas podrían ser más receptivos a nuestro mensaje porque tenemos perspectivas u objetivos comunes, o un público o clientela común, o porque existe relación desde hace tiempo, y trabajar bien cómo explicarles nuestro proyecto o actividad, por qué su apoyo les beneficia también a ellos o de qué forma pueden colaborar ambas partes.
  • Si no se puede llegar de primeras a los grandes medios de comunicación, empezar por un uso de las redes sociales, el teléfono, el correo electrónico y nuestra actividad cotidiana que se base en una estrategia de comunicación sólida y definida, que permita diferenciarse de entre los miles de mensajes que todos leemos y recibimos cada día y de entre todas las solicitudes o noticias de solicitudes de mecenazgo que los potenciales mecenas reciben.

En definitiva, trabajar cada día para generar, conocer y cuidar una comunidad propia de seguidores y apoyos que estén siempre ahí y que se puedan movilizar en un determinado momento.

El trabajo en la búsqueda de mecenazgo

Aunque sigue sin ser común en nuestro país, algunas organizaciones de mayor tamaño cuentan con departamentos especializados en captación de fondos y dedican recursos (humanos, temporales, económicos) a la búsqueda de mecenazgo. Se trata de un trabajo duro, en el que las satisfacciones cuestan y no corresponden con el esfuerzo realizado, y en el que es necesaria la implicación de toda la organización, no solo de los departamentos de mecenazgo o patrocinio: desde aquellos que tienen un contacto más estrecho con el público de las diferentes actividades, a los departamentos de dirección, marketing o comunicación, por citar solo algunos.

Para las entidades de menor tamaño o para los profesionales independientes, se trata de la pescadilla que se muerde la cola: necesitan captar recursos y para ello, a su vez, necesitan recursos. Unos recursos que no tienen. Las plantillas suelen ser pequeñas, por lo que contar con personas dedicadas de forma total o parcial a esa tarea (y todas las relacionadas) es difícil o imposible, así como que estas personas tengan el perfil o los conocimientos necesarios para hacerlo o pagar por la formación necesaria. Tampoco suelen contar con los fondos necesarios para contratar a personal externo para esta tarea, y no siempre la externalización es la mejor opción, puesto que es la propia entidad la que tiene un mayor y mejor conocimiento sobre su actividad y entorno.

Este último es quizás el punto más complicado de solventar. No obstante, queremos transmitir un mensaje optimista. Cuando los 9 vecinos de Quintanilla de Riofresno (Burgos) se plantearon recaudar fondos para restaurar el retablo de la iglesia de San Román de su pueblo, no pensaban que terminarían en informativos nacionales en horario de máxima audiencia o en las principales cabeceras del país. Más allá de lo curioso de su caso, que ha servido de inspiración a otros de su entorno, detrás de su éxito se encuentra el trabajo incansable, original y organizado por parte de los vecinos y todo el equipo implicado en sacar adelante la campaña.

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